martes, 9 de febrero de 2016

Anémico de fútbol, sucumbió en La Visera


  • Por Sebastián Pedro Busader, para Cipolletti TV.

Después de la caída ante Sansinena, después de una noche con gusto a hiel para los hinchas albinegros, seguramente la preocupación del entrenador Henry Homann no se centra únicamente en la eliminación de la Copa Argentina. Los 90' jugados en La Visera de Cemento generaron desazón general, por el 0-1 que se llevó el equipo bahiense aún siendo de una categoría inferior (sólo porque juega el Federal B), y porque Cipolletti repitió desacoples en sus líneas y una marcada anemia ofensiva.
Antes que nada es menester recordar que apenas van dos partidos de temporada y que no se jugaron amistosos. Tras la salvedad hay que decir que hasta aquí no se nota la propuesta de Cipolletti. Tanto en la ida como en la vuelta de esta Copa Argentina, comenzó los partidos como protagonista, pero eso le duró un pestañeo. En el fondo, los laterales pierden más de lo que ganan, por errores propios pero también porque adelante suyo juegan carrileros que no son carrileros. En la derecha, a Maxi Prioreschi se lo nota incómodo y hasta distraído, no ataca ni defiende y su participación es inofensiva hacia el arco ajeno. Por izquierda, Jorge Gaitán y Germán Weiner han intentado volantear desde lo posicional, pero estratégicamente suena a error. Las dudas que genera el fondo, con una zaga que se estrenó en el partido de la eliminación (Seguel-Lamolla), se impregnaron en la piel de Nicolás Caprio. El arquero, brillante en la temporada pasada, volvió a tener complicidad en el gol de Sansinena. Brian Scalco descerrajó un zapatazo de novela desde 30 y pico de metros que tomó a Caprio adelantado y llamativamente sin reflejos. Pero, además de esa jugada, al "1" fue una sombra de aquel gigante de los tres palos que salvó al albinegro en muchos juegos. Sansinena cumplió su papel a la perfección. No creyó en favoritismos previos y jugó los cruces de igual a igual. Tanto, que en la ida manejó el partido y tuvo las mejores situaciones, y en la vuelta sufrió casi nada. Mauro Laspada, viejo zorro en esta clase de definiciones, entendió que el fútbol a ras del suelo que su equipo practica era casi una utopía en el endemoniado sintético de La Visera. Entonces, cambió los planes. Había que ser más práctico. Ganar en las segundas acciones y generar jugadas de pelota parada. Contó con el nerviosismo y la ingenuidad de los locales, que cometieron muchas faltas sobre rivales que estaban de espaldas. Entonces, llovieron los tiros libres sobre el área de Caprio, y así la visita alejó el peligro de su arco. Ahora, lo más preocupante de Cipolletti es la falta de funcionamiento y el escaso volumen de juego. En los dos partidos coperos se le hizo casi imposible hacer cuatro pases en terreno rival (Prioreschi y Rinaudo corren imperceptibles), pierde la pelota fácil y le cuesta retroceder con orden. Es más, en varias situaciones se los vio a Weiner y a Gaitán persiguiendo rivales para detener contragolpes con faltas. El dueño de casa no pateó al arco durante los primeros 45 minutos y buena parte de los intentos ofensivos, casi todos forzados, espasmódicos, culminaron en los pies de Damián Jara, lejos de ser un especialista en la labor. En el complemento, la historia dio un tenue viraje por dos motivos: Gaitán se hizo cargo de la ofensiva local y Sansinena, sobre los 20', retrocedió y cedió terreno para cuidar el resultado y buscar una contra letal. Las mejores acciones del albinegro surgieron por la velocidad y desequilibrio de Gaitán, que se volvió más punzante cuando encaró con el arco de frente. Weiner y Tuti Del Prete, que entró activo y "picante", actuaron de socios en algunos lapsos. Quizá esa haya sido la única llamita de esperanza en un equipo que parece corto y con pocas variantes (anoche había un banco plagado de juveniles). ¿Y Taborda? El "9" hizo una apuesta alta al llegar a Cipolletti. Más identificado que Prioreschi con la camiseta de Roca, confía en que su olfato de gol terminará enamorando al hincha albinegro. Hasta aquí, su aporte está en negativo. En la ida casi no tocó la pelota, aislado y absorbido. En la vuelta quedó expuesto: estuvo impreciso, desperdició tres chances claras y, para completar su faena y ganarse los primeros silbidos, se fue expulsado en la última jugada del partido. El Ruso Homann y sus colaboradores tienen la ardua tarea de imprimirle identidad a un equipo que hasta aquí navegó sin rumbo. La eliminación copera (tercera de primera ronda en el historial) fue un mazazo de cara a lo que viene. Pero, como dicen tantos "maestros" del mundo redondo (entre ellos el gran Bielsa), siempre se aprende más de los golpes que de los éxitos.

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