martes, 8 de marzo de 2016

Cipo rompe un “mito": se puede ganar y gustar

  • Sebastián Busader para Cipolletti TV.
 
Hace algunas semanas, en esta misma página decíamos que a Cipolletti le faltaba funcionamiento. El equipo había empatado casi de milagro en Bahía Blanca ante un Sansinena que, desde el Federal B, 7 días más tarde lo dejaría afuera de la Copa Argentina.
 
¿Qué pasó entre ese domingo 31 de enero y anoche? Da la sensación que el cuerpo técnico encontró buena parte del equipo y, por sobre todas las cosas, una identidad de juego. “Si nos sale la mitad de lo que practicamos en la semana, somos el mejor equipo de la zona”. Palabras más, palabras menos, un jugador y un integrante del cuerpo técnico, en diferentes momentos pero en la misma sintonía, se lo dijeron a este cronista antes del 3-0 ante un Independiente de Neuquén que quedó reducido a la mínima expresión.

 
Como frente a Deportivo Roca, también en La Visera, Cipolletti hizo del clásico un monólogo pero, a diferencia de lo que ocurrió frente al Naranja, lo pudo plasmar en la red. La realidad es que hubo tres goles de diferencia entre uno y otro, y que frente al conjunto de Coco Landeiro también existió esa brecha en el juego.
 
Ahora, incluso tan importante como la goleada y sumar de tres por primera vez en la competencia y en el año, fue ver a un equipo cohesionado en todas sus líneas, con movilidad, intenso para jugar, moverse a lo ancho y largo y, sobre todo, para recuperar la pelota a la hora de la pérdida. Muy pocas veces retrocedió Cipolletti cuando cedió el balón. Lo hizo en los últimos minutos, ya sin delanteros –habían salido Del Prete y el Mono Opazo- y sufrió algunos sofocones cuando Manolo Berra -el más silbado de la noche- escaló algunos metros y metió algo de presión en el área del local. Línea por línea, Cipolletti se mostró ajustado.
 
En el fondo, los Gastones, Valente y Pinto, no pierden por las líneas y parecen entender el juego a la perfección: marcan con fiereza y son siempre opción de pase, como apoyo para generar el desmarque del compañero y para sumarse al ataque. Anoche Nicolás Caprio no tuvo trabajo y la dupla central se tornó impermeable, porque creció Nelson Seguel y porque Marcos Lamolla es un león barbado. El capitán es el líder espiritual del equipo. Habla poco pero es un muro con un juego aéreo difícil de encontrar en la categoría. Su gol de cabeza, el de la apertura del marcador, es para pasar por video a todos los números “6” de las divisiones inferiores.
 
Los dos volantes centrales de Independiente, Leonardo Teijo y Manuel Berra, tuvieron chances de llegar a Cipolletti en la pretemporada. El primero tenía el visto bueno de varios dirigentes, pero el Ruso Homann prefirió no “tapar” a Juan Manuel Strak. Manolo quiso volver pero a la dirigencia no le convenció la idea, aún después de la baja de Carucha Carrasco.
 
Anoche el duelo del mediocampo fue también una “goleada”: el Negro Mellado, menos justo que en partidos anteriores con la pelota, quitó decenas de pelotas y el Rusito Strak jugó con la suficiencia de un veterano. De sus pies salieron todos balones a buen destino, se hizo cargo muchas veces de la parte creativa del equipo y en ningún momento sintió la presión de los miles de hinchas que alentaron durante todo el clásico. A los costados, Maxi Carrasco surge como el futbolista más pensante del equipo. Tiene la cancha siempre en la mente, se toma el tiempo justo para tener o lanzar la pelota y su pegada ya dio frutos. El segundo gol, un bombazo de lejos, fue uno de los poemas de la noche. Por izquierda, Ezequiel Ávila ya dejó de ser sólo un correcaminos y de a poco se convierte en un futbolista más completo.
 
Un dato que hizo más placentero el triunfo: de mitad de cancha hacia adelante, sólo Carrasco no es “canterano”. Los pibes, los chicos, entendieron el mensaje. Jugaron bien y sacaron pecho. Muchos de sus compañeros de formativas dejaron pasar las oportunidades. Ellos esperan no hacerlo. La sorpresiva ida de Carucha Carrasco convirtió a Mellado en primera opción y el Negro es patrón del medio. La lesión del talentoso Gaitán le abrió una hendija a Strak y el Rusito realmente la aprovechó, por juego, coraje y despliegue (el 10 seguro volverá. ¿Quién saldrá?). Matías Rinaudo no convenció y Ávila no dejó pasar la oportunidad; y las lesiones/expulsión de Weiner, Vera y Taborda permitieron una dupla de ataque de corte bien albinegro después de mucho, muchísimo tiempo. Por momentos hubo simbiosis en esos encuentros entre Strak-Del Prete, Del Prete-Opazo, Mellado-Ávila. Conexión de cantera, casi telepática. Es cierto, a Del Prete y Opazo les falta rodaje, sobre todo para ser más incisivos en los metros finales, ahí donde se ganan los torneos. Pero no se le puede exigir al Mono -salió ovacionado- en su primer partido oficial que se mueva en el área con la prestancia del Loco Padua. Sí que aprenda, que entre en ritmo, que se convierta en opción con apenas 18 años.
 
El torneo recién gatea, pero hay buenos indicios. Es que el triunfo sirvió para llevar aires de tranquilidad y confirmar que Cipolletti puede jugar otro fútbol. Que no sólo se suma apelando a los “bochazos” largos y la pelea de segundas pelotas (made in Pancaldo). Esa es una virtud del cuerpo técnico actual. Convencer a los futbolistas que ganar y gustar no siempre son antónimos, aunque muchos “teóricos” de los torneos federales juren y perjuren que los equipos con pretensiones de ascensos deben ser “prácticos” (4-4-2, con líneas férreas, mucha pelota parada, cero inspiración) antes que vistosos.

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