domingo, 1 de mayo de 2016

Cuando la frustración se hizo carne (albinegra)

  •  Por Sebastián Busader para Cipolletti TV.
La pesadilla de todos los hinchas de Cipolletti se hizo realidad hace algunas horas. El albinegro quedó atado a un par de resultados “fronteras” afuera de la zona 1 del Federal A, y el milagro no se produjo.

Lo dijeron los jugadores después del partido ante Independiente, en Neuquén. “No clasificar sería un fracaso”, dijo, palabras más o menos, el capitán Marcos Lamollla. Entonces, dejaremos esas palabras como sentencia para una campaña que volvió a terminar en frustración.

Con matices o sin ellos, la realidad marca que el equipo del Ruso Henry Homann no consiguió uno de los dos pases en un grupo de cinco equipos, tres de ellos con menor presupuesto y una calidad de plantel (al menos en los papeles) inferior. Es más, ni siquiera pudo meterse entre los mejores terceros.

Sin olvidar que en materia de estructura e infraestructura, de acompañamiento de los hinchas y respaldo económico, está por encima de la media de los equipos de todo la categoría. Nada de eso alcanzó y a esta altura, el eterno transitar de Cipolletti en el Federal A tiene tintes de maleficio.

El dolor, sobre todo para los hinchas, se vuelve aún más profundo porque a pocos kilómetros hay alegría neuquina. Todo generado por un plantel Rojo austero y pragmático, sin demasiadas expectativas en la previa y hacedor de lo inesperado.

A Cipolletti ya no le alcanza ni la historia. En los últimos 7 años son muchas más las tristezas que las alegrías. Desperdició un torneo con siete ascensos (sí, siete), peleó varias veces por la permanencia y ahora quedó afuera cuando era amplio favorito en su zona.

Para colmo, la eliminación se dio una fecha antes del cierre de la fase regular, justo en la previa a lo que debió ser una “finalísima” contra el equipo de Gustavo Coronel y Manolo Berra.

El cuadro es devastador al recordar que perdió hace apenas unos día su chance con el último en la tabla de posiciones, un Villa Mitre que luchó por no descender.

Las responsabilidades son compartidas. En el armado del equipo mucho tuvo que ver Ricardo Pancaldo, que finalmente se fue antes de comenzar el torneo, y también Homann, que de ayudante de aquel pasó a comandar la “nave”. También los dirigentes, que no han encontrado la forma de transformar en éxitos deportivos una muy buena gestión económico-financiera. La ecuación tuvo una mutación dolorosa: hace ya largos años que los sueldos se cobran en término, los entrenamientos son de primer nivel y la previsibilidad es moneda corriente. Casi una utopía para el fútbol regional (si no, que lo digan los dirigentes y profesionales de Roca e Independiente).

Pero en lo deportivo, las frustraciones se acumulan en un peregrinar interminable. La realidad es que los planteles no estuvieron a la altura de las circunstancias. Y aquí estará la discusión de siempre. ¿Erran los que eligen? ¿O fallen los que ejecutan? Porque si bien es cierto que se cometieron errores en la confección de la plantilla (la continuidad de Vera, traer a Prioreschi y a Rinaudo), Cipolletti jugó en buena parte del torneo un fútbol interesante y atractivo, de pelota al piso, toques e intenciones.

Ahora, cuando la redonda no entra en el arco, el panorama se oscurece. Y eso es lo que ocurrió. Vera y Taborda tuvieron más expulsiones que goles, Del Prete demostró esfuerzo e inexperiencia, Opazo algunos destellos interesantes y Weiner surgió en el final de esta historia triste, cuando el destino parecía marcado.

Culpar sólo a los delanteros sería una sentencia injusta. Porque más que un delantero goleador, un plantel con aspiraciones necesita de alguien que lo lidere. Y no apuntamos sólo al cuerpo técnico. A Cipolletti hace ya varias temporadas le falta ese técnico adentro de la cancha, el jugador que emerge en los momentos difíciles para inyectar de energía a sus compañeros, para mostrar el camino en las sombras, ese que marca el compás cuando un partido se complejiza, el que infunde respeto en los rivales. El futbolista que es ejemplo al entrenar, que dispone los tiempos del vestuario, que hace mejores a sus colegas. Ese líder positivo nunca estuvo en este plantel. Cada protagonista sabrá por qué.

De acá a agosto se hablará mucho. Es largo el tiempo de espera para encender nuevamente la ilusión. Casi todos los jugadores tienen contratos por un año más, pero serán contados con los dedos de una mano quienes continuarán. Es toda una incógnita lo que ocurrirá con Homann y sus colaboradores. De seguir las palabras de la dirigencia al asumir el DT, nadie podría en duda la continuidad. “Para este momento estuvimos preparando al Ruso. Necesitábamos un técnico del club”, explicaron los dirigentes al presentar al sucesor de Pancaldo. Claro, muchas veces, en el fútbol 2 más 2 no son 4.

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