jueves, 8 de diciembre de 2016

El árbol del fútbol albinegro


Más allá de las cuestiones religiosas, para mí el 8 de diciembre siempre se relacionó con el armado del arbolito de navidad (en realidad arrancábamos el 7 a la nochecita). Era como el inicio oficial de la Navidad, de las fiestas, de un momento bien esperado, era la puerta a las ilusiones, era un tiempo mágico. A uno le dio siempre la sensación de que a partir de ese día la gente empezaba a ser más buena (al menos a mí me parecía) y esa estela de bondad, de magia, de ilusión y emoción se prolongaba hasta la noche del cinco de enero cuando al lado de los zapatos Melchor, Gaspar y Baltazar habían dejado un paquetito misterioso que curiosamente tenía algo de lo que en la carta dirigida a ellos pedíamos.

Viky, mi hija, hace un par de días me viene preguntando si falta mucho para Navidad y me aclara que ella está comiendo toda la comida y se está portando bien por lo que Papá Noel indefectiblemente tendrá que traerle su bebé nenuco (que sale una moneda importante pero que es problema de Papá Noel y no mío).

Desde luego que mi mamá me ganó de mano y la invitó a una “súper pijama” para el miércoles a la noche así pueden armar juntas el arbolito… las abuelas tienen ese amor especial que se materializa en su mirada.

Estaba pensando en esas cosas cuando se me ocurrió cómo sería armar el arbolito de navidad albinegro… y ahí abrí paso a mi imaginación mientras recordaba cómo nos costaba colocar esa bola con punta tipo estrella que debía quedar en lo más alto del pinito del árbol de navidad.

Yo sé que por estos días, donde muchas veces manda la ley de la calle, donde parece una tontería la endeblés del corazón, donde el sentimiento parece congelado, sentarse a contemplar cómo nuestros niños (o niñas) arman el arbolito de navidad puede sonar a pérdida de tiempo. Pero puedo asegurarle que vale la pena.

Enseguida recordé a mis viejos y hasta me vi a mí mismo armando el arbolito, y después de ir y venir en el tiempo este futbolero, hincha de Cipo, se puso a armar mentalmente el árbol de navidad albinegro.

Lo primero que pensé fue en Diego, quien en la cancha de Cipo hizo su primer gol en la selección juvenil, pero lo mandé al pesebre. Rodeado por los reyes magos que llegaban a traerle tributos y regalos, a coronarlo definitivamente. Melchor era Omar Perales que abría la gran puerta para que entre la historia, Gaspar era Tito Padín y Baltazar Miguel Ángel Díaz.

Los animales del pesebre no estaban ajenos al momento. Se lo veía a la rana Juarez, al mono Flores, al Tortugón Alecha, al topo Márquez, al pulpo Lencina, al Bambi Flores, al tiburón Norberto Espada, a mojarra Dómini, al perro Aguirre y hasta al Gallo Fernández.

Y en cada bolita del arbolito, en cada moño, la sonrisa futbolera bien grande. Se lo podía ver a Juan Ramón Comas (comitas) desbordando de rama en rama y al lado tiene que estar el Ruso Juan Enrique Strak en una bola bien brillante y lujosa (como su fútbol).

Hay una en la que está Cristian Martínez en que se ve sólo una parte del cuerpo porque no se pudo contener y saltó para despejar a un costado; a la izquierda proyectándose naturalmente aparece el Máquina Jorge Cid.

Haciendo locuras están Hugo Prieto y Oscar Padua y la carita incrédula del arquero de Ben Hur que no puede creer que le hayan pateado un penal de esa manera. También se lo puede ver al Loco Padua emocionado en aquella noche de epopeya contra Sporting de Punta Alta, y la emoción de aquella jornada se mezcla con el clima navideño y no podemos dejar de sonreír.

En el sector de goleadores, se lo ve a Pablo Parra, levantando los brazos con la camiseta blanca de vivos negros, luego de recibir todos los abrazos de sus compañeros contra Alvarado de Mar del Plata y su gol inolvidable desde la mitad de la cancha.

Y hablando de abrazos, aparece el Indio Solari Gil que se hace el distraído mientras un rival se levanta del piso luego de “caerse solo”.

Entre tantas estrellas que brillan en mi arbolito albinegro hay un sector de arqueros: y en un adorno con forma de Luna se lo puede ver a Julio Felipe atajando esos penales ante los pampeanos; y está Marcelo Yorno volando de palo a palo para tapar una pelota imposible… un poco más arriba a los gritos acomodando a la defensa y asustando a los rivales está el Oreja Raúl Ruiz y a un costado se los puede ver a Darwin Dalmas y Carlos Zambrano.

Como el árbol es tan mágico lo veo al Mingo Perilli charlando con su papá Juan. Lo que debe ser esa charla futbolera!!! Los veo en mi árbol y me emociono y le digo gracias… a los dos… y en eso se suma Armando Mareque para que la charla sea más mágica aún.

Pero un poco más allá aparece el Turco Yanani y Leonardo Squadrone en otra charla imperdible, a la que se le suma Guillermo Rivarola.

Y como la calidad siempre estuvo presente aparece Lorenzo Frutos pateando un tiro libre magistral o agarrándose la cabeza luego que esa pelota maldita diera en el travesaño ante Defensa y Justicia. Parea recuperar la alegría y la pelota aparece un luchador como Marcos Carrasco, también metiendo goles de cabeza como su compinche Bruno Weisser.

Y si de presencia hablamos no pueden faltar Aníbal Iachetti y el Ruso Henry Homann. Recordando aquel gran equipo del Nacional B del 87 dice presente Máximo Nardoni.

A medida que el árbol se va poblando en mi imaginación aparecen los gritos de gol de Tito Hevia y el Ñato Salinas. Y de pronto corriendo de rama en rama Alberto Lamuedra que después del entrenamiento aprovecha para mantenerse físicamente y hace unas cuantas vueltas alrededor del pino.

Y ahí me quedé parado al lado de este árbol de las ilusiones, del tiempo de la bondad y la esperanza. El árbol que usted puede armar con los deseos que se le ocurran y con las imágenes que se le ocurran. Yo me lo imaginé lleno de futbolistas albinegros, llenos de jugadas, de atajadas inolvidables, de gambetas y de cracks. Y ahí me di cuenta que el árbol tenía que ser trasmitido por Cipolletti TV, que no podían evitar que esté en todas las casas libre y gratuito.

Y sin querer sentí al fútbol de Cipo después de mucho tiempo libre de tantas impurezas, estaba protegido por el árbol a través de mi imaginación. El mismo arbolito que protege esperanzas e ilusiones en tiempos difíciles.

En el pesebre el niño nacía al mundo sin esperar un mail con el permiso para ser transmitido.

1 comentario:

  1. Muy bueno!! Emocionante recorrido de la historia de Cipo!

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