martes, 11 de abril de 2017

¿Está todo bien o está todo mal?

La semana pasada estuve de viaje y a la vuelta en el pendrive que llevamos empezó a sonar “Yo tomo” de Bersuit Vergarabat y me quedé con esa frase… y sí, la relacioné con Cipo y su actualidad.

Fue importante haber ganado el domingo, por lo anímico, por la vergüenza deportiva de verse en el fondo de la tabla, por la pálida imagen que se había dejado en las últimas presentaciones en La Visera… pero este triunfo no debe taparnos la realidad. Cipolletti sigue muy lejos de lo que se merece por historia. El albinegro volvió a jugar regular (si quiere) y sigo sin entender cuál es la fisonomía de juego que se busca. Muchos pelotazos y poco fútbol.


Cuando Lalo Brodi lo planteó hace varios meses muchos se enojaron pero cuán errado estaba. Lamentablemente muy poco. Probablemente yo tenga una tarde demasiada pesimista mientras escribo esta columna y no puedo ver lo que otros ven pero me cuesta soñar con alguna chance de ascenso.

En 2001 yo daba mis primeros pasos en LU 19, Cipo estaba condenado al descenso de la B Nacional y un compañero me comenta- tomándose de lo referido por un dirigente de ese momento- que era mejor jugar el Argentino A ya que en ese torneo se pelearía por el ascenso y no el descenso como pasó en esa temporada de la Primera B Nacional. “Vamos y volvemos enseguida” sentenció. A mí me hizo ruido. 16 años después el Capataz de la Patagonia sigue naufragando en el mismo torneo y no jugó ni una sola final-final. Antes de que se enoje le aclaro que ante Racing de Córdoba era la final del Apertura y después debía jugar el cotejo decisivo ante el ganador del Clausura, y el cotejo ante Patronato era la semifinal.

Indefectiblemente sigo pensando en el equipo de Mingo Perilli y reconozco que me dolió mucho esa derrota ante Patronato sobre el final cuando la clasificación se escapó como agua entre las manos. Pero créanme, me duele más verme tan lejos de siquiera soñar con alguna chance.

Reconozco que no es tan fácil volver pero por lo menos quiero verme cerca, tener alguna chance, aunque sea mínima. Tampoco es justo creer que Henry Homann es el único responsable. Los jugadores, fundamentalmente por quienes se apostó mucho, deben hacerse cargo del mal rendimiento y los dirigentes deben reconocer que fueron ellos (con el visto bueno del cuerpo técnico) los que los eligieron.

Son momentos difíciles, complejos, impensados cuando se jugaban los últimos partidos de la Primera B Nacional. El panorama cambió pero el hincha sigue allí, masticando bronca y hasta quizás se le escape algún que otro insulto pero con la camiseta pegada en la piel esperando que vuelva aquella época dorada que lo transformó en el Capataz de la Patagonia.

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