viernes, 1 de marzo de 2013

Un "León" que también rugió en La Visera

  • El ex volante central de Boca jugó en Cipolletti en 1984. En diálogo con "Río Negro" recuerda su paso por la región.
Fue la noche del 23 de diciembre de 1984. Boca de Bariloche le ganaba 1 a 0 a Cipolletti con gol de Oscar "Pinino" Más y con eso le bastaba para jugar la final rumbo al Nacional.

Pero de pronto, a falta de pocos minutos para el final, todo quedó en penumbras y contra el alambrado se erigió la figura de un pibe veinteañero que agitando los brazos como un barrabrava le exigió a la 'Visera de Cemento' que se venga abajo.

¿El final? El 'albinegro' empató a dos minutos del final -con gol del pequeño Edgard Cifuente-, pasó a la siguiente ronda y nunca nadie se olvidó de ese muchacho de un rubio artificial.

Hoy, muchos lo cuentan como una leyenda. Abren las
comisuras y dejan escapar palabra tras palabra.
Las leyendas urbanas son así. Parece mentira, pero Blas Armando apenas jugó con la 'albinegra' cuatro meses. Fueron ciento y tantos días que por estas tierras se lo tildó "el loco". Y él las vivió así.

"En Cipolletti viví un gran momento. Estaba tapado en San Lorenzo, fui a jugar allá -responde desde Buenos Aires- y me encantó. Conocí gente de gran valor humano", exclama. Parece un embajador del fútbol. Habla con mucho respeto y cuidado, y no da la impresión de ser aquel endemoniado '5' de Boca.

¿Que recordás de esta zona?

La gente. Pero sobre todo un partido de noche. Se cortó la luz faltando cinco minutos, perdíamos y nos quedábamos afuera. Recuerdo que de ellos (Boca de Bariloche) jugaba 'Pinino' Más. Levantamos esa maravillosa hinchada, les hicimos un gol en la última jugada y clasificamos.

¿Es cierto que cuando dejás de jugar lo que más extrañás es el vestuario?

A mí no me pasó. Yo extraño la hinchada, sentir el aliento en la cancha. Ser técnico es raro, diferente. Empieza el partido y estás al costado, no podés hacer nada, y por momentos te sentís indefenso, inútil.

¿Y en las canchas ajenas, cómo te tratan?

Hay gente que me quiere y otra que me odia, viste. Hay que adaptarse, pero a veces se me sale la cadena, los quiero matar. Lo que pasa es que hay tipos a los que la esposa no los deja hacer nada en la casa y se desquitan conmigo.

Hoy no es fácil ser técnico...

No, para nada. Estamos poco protegidos por la AFA, en todos los aspectos. Muchos colegas pierden tres partidos y le cortan la cabeza, y para colmo no les pagan. Te caes y te pisan. Es una locura, pero es así.

A los hinchas de Boca quizá le duela. Pero él dice que tiene su alma partida en dos: un pedazo en Boedo y el otro en los rincones de Caminito. Aún así, por momentos, en la Visera parece escucharse el "Giunta, Giunta, Giunta...".

"Un loco de verdad"

Giunta ayer: reforzó aquel Cipolletti
que clasificó al Nacional '85.
Si de leyendas urbanas se trata, Blas Armando Giunta tiene varias. Como en aquel partido entre Boca y Ferrocarril Oeste, cuando fue a buscar una pelota al vacío y sin pensarlo quedó desparramado en el suelo. Con alma y vida, le había entrado un 'rockerito' vestido de arquero, al que le decían "Mono". El gladiador bostero se levantó y sólo le dijo: "¿Qué hacés pibe, querés morir en este instante?". Aún hoy Germán Burgos lo cuenta con un escalofrío corriendole por la espalda.

En Cipolletti, la del partido con Boca de Bariloche quedó para la posteridad. Y otra anécdota que se cuenta en los pasillos ocurrió de regreso a la ciudad, luego de ganarle la final a  Huracán de Comodoro Rivadavia en Bahía Blanca y haber logrado el pasaje al Nacional del '85. El técnico de ese entonces, Horacio Harguindeguy, tenía una cábala bilardiana: usaba zapatos blancos en todos los partidos. Grave error el del entrenador dormirse durante el viaje, justo cuando cruzaban el puente sobre el Río Colorado. Con la picardía y la frescura que lo pintaba de cuerpo entero, Giunta lanzó por la ventanilla los zapatos de Harguindeguy, que terminaron en el fondo del río. "Cuando se despertó, lo quería matar", recuerdan los memoriosos.

"El loco era así. Un personaje con todas las letras, pero un jugador y una persona bárbara. Un ganador nato", recuerda el "Ruso" Strack, quien compartió la mitad de cancha con Blas Armando.
Sebastián Busader, Río Negro.

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